FUERZAS ARMARADAS AGREDIDAS

por el Períodico Nación -      http://www.nacionuruguay.blogspot.com/ 

 

Era sabido que, una vez el Frente Amplio en el gobierno, las distintas asociaciones de izquierda, con vinculación o no con el tema de los derechos humanos, harían suficiente presión para obtener información sobre desaparecidos y, en forma paralela, lograr que los supuestos involucrados en esas desapariciones desfilaran por los juzgados para ser finalmente encarcelados.

En un segundo plano de análisis podían preverse medidas para acotar la libertad de acción de los mandos militares, dentro de la lógica política de una fuerza nueva en el gobierno y distante de la confianza que siempre han ofrecido los mandos castrenses a los partidos en el poder.

Finalmente, aparecía la interrogante acerca de hasta dónde podrían ejercer los ex sediciosos, ex terroristas y ex subversivos alguna acción derivada de los sentimientos guardados contra los militares por haber sido sus represores en la época de los enfrentamientos y hasta dónde serían capaces de avanzar en el camino del odio, el resentimiento y la venganza. También, como era lógico, se dudaba sobre cuál sería la reacción militar ante esta situación.

Hoy, estas interrogantes, preguntas y dudas se han disipado. Los acontecimientos se fueron dando de manera progresiva a lo largo de estos casi dos años y medio. Primero fueron las lógicas pretensiones del gobierno de encontrar los cuerpos de los desaparecidos y las promesas a los mandos militares de un final definitivo en cuanto se cumplieran determinadas exigencias. Luego, ante las previsibles dificultades, que cualquiera con un mínimo de sentido común habría anticipado, se desató el operativo revancha de aquella guerra que todos creímos que había terminado.

Para sintetizar este segundo capítulo, se puede decir que una fuerza ayer derrotada militarmente está hoy en el gobierno y quiere vengarse destruyendo a su antiguo enemigo que, no solo no está en condiciones de defenderse porque no se lo permiten las reglas de juego, sino que no previó esta instancia.

Las Fuerzas Armadas, a diferencia de los demás órdenes de la sociedad, y contra su propia esencia, se muestran absolutamente indefensas si las agrede el propio Estado al cual sirven. No tienen herramientas de protesta como fuerza agremiada porque su estructura disciplinaria vertical impide toda acción por fuera de los canales jerárquicos. Además, sus valores fuertemente arraigados son, al mismo tiempo, su fortaleza y su debilidad. Las hacen confiables para los que caminan por la senda del honor, la lealtad y la nobleza de procedimientos y temibles para los impedidos de entender la razón del verdadero patriotismo, pero las hace vulnerables a la seducción del cinismo y la hipocresía.

Por eso la realidad las viene golpeando duramente. El gobierno las lastima usando el poder absoluto de sus mayorías parlamentarias que le permiten disponer discrecionalmente de la ley: interpretándola como quiere y creándola cómo y cuando le sirve.

Ante esta realidad, nada han podido hasta ahora las Fuerzas Armadas más que intentar mostrar a la población sana del país el grado de humillación a que están siendo sometidas por un gobierno que ha olvidado que nada humano es eterno, que sabe que todo cambia, como bien dijo su presidente, y que debería reaccionar, para bien de todos, abandonando cuanto antes esa actitud vengativa tan despreciable.