LA "PATAGONIZACIÓN" DE LA ARGENTINA: UNA DENUNCIA PATRIÓTICA EN MEDIO DE TANTA MEDIANÍA Y COMPLICIDAD

 

por Lucas Baffi

 

enviado por Centro de Estudios Evolianos - http://www.geocities.com/Athens/Troy/1856/

 

 

La reciente denuncia efectuada por el candidato a la presidencia Pino Solanas contra Kirchner a quien acusa abiertamente de "traidor a la Patria" (ver La Nación 29-9-07) representa un hecho de singular importancia, no solamente por provenir de alguien del espectro político de la izquierda a la cual pertenece también el actual presidente, sino por las razones específicas sobre las que versan sus imputaciones. Solanas denuncia a Kirchner, no solamente por continuar la política de su antecesor Menem de enajenación de nuestras riquezas petrolíferas por la suma de 150.000 millones de dólares a cambio de nada para nuestro país, sino de ser uno de los principales beneficiarios personales de la misma. Pero va mucho más lejos en sus afirmaciones. Manifiesta que el saqueo al cual fue sometida nuestra patria, y frente al cual las sonadas bolsas y valijas de la ex ministro Miceli y del chavista Antonini son apenas juegos de niños insignificantes, se lo ha hecho de manera silenciosa y levantando falsas consignas que hasta en algunos casos han contado con el aval cómplice de algunos autoproclamados "nacionalistas" que han trabajado como verdaderos idiotas útiles.

 

Nos referimos específicamente al tema que nosotros, desde la revista Cabildo en primer término y luego desde El Fortín, hemos venido señalando en prácticamente total soledad durante casi 25 años y es el relativo a un pretendido "federalismo", fetiche ideológico que fuera utilizado para que la nación argentina, a través del accionar de una clase política corrupta, delincuente e inescrupulosa, entre cuyos principales exponentes se encuentran justamente el actual presidente Kirchner y su antecesor Menem, renunciaba y entregaba a las provincias todos sus recursos petrolíferos y gasíferos. De manera tal que, a través de un cambio jurídico imperceptible acontecido en nuestra principal legislación y que consistiera en la profundización del "federalismo", a cambio de una serie de concesiones políticas, tales como la reelección presidencial o el tercer senador para la oposición, de la noche a la mañana ciertas provincias patagónicas, que son las que principalmente poseen tales recursos y que también "casualmente" tienen en la actualidad a un presidente de la república en ejercicio y a otro que, si bien carece de cualquier chance de éxito, puede pagarse una costosísima campaña electoral, pasaron a tener la propiedad de la mayoría de los recursos energéticos de la Argentina, con la excusa peregrina de que éstos se encuentran "en su subsuelo".

 

Sucede así que gracias al "federalismo" que se profundizara con nuestra última reforma constitucional de 1994 la provincia de Neuquén, por ejemplo, con el 1,5 % de los habitantes de la Argentina ha pasado a ser la propietaria del 80% de nuestro gas y del 23% de nuestro petróleo. A su vez Santa Cruz con 200.000 habitantes, es decir con menos del 1% de nuestra población, ha pasado a ser la dueña del 32% del petróleo de la Argentina. Aunque por otro lado es dable señalar también que, gracias a la conocida opacidad de nuestros sistema político, no son tampoco necesariamente los habitantes  de tales provincias en su totalidad los que han gozado de tales beneficios, sino apenas una oligarquía de ricachones, lo cual resulta muy fácil de comprobar debido al hecho de que no casualmente haya sido desde estas provincias que han salido dos de los principales candidatos presidenciales poseedores del privilegio casi único de poder abonarse opíparas campañas electorales.

 

Celebramos que haya habido al fin un candidato que haya efectuado esta denuncia por primera vez y que haya sido capaz de no entretenerse en pequeños detalles de corrupción, que los hay y muchos, pero ninguno de ellos de las proporciones que estamos señalando aquí. Quizás la demora en haberse efectuado tal denuncia en la sociedad argentina pueda haber sido porque hacerlo significaba dirigir una acusación colectiva que abarcaba a la totalidad de la clase política que incluyera a sus principales partidos, especialmente el peronista desde cuyo seno, con Menem y Kirchner, se produjo esta verdadera confiscación de nuestras riquezas. Al respecto quiero resaltar con tristeza, y como un testimonio más de la soledad casi absoluta de nuestra denuncia, que el director de nuestro medio tiempo atrás, cuando Adrián Salbuchi presentó una denuncia judicial por la exacción que por 500 millones de dólares realizara el actual presidente Kirchner relativos a fondos correspondientes a regalías petroleras recibidas por el Estado nacional hasta el año 1994, es decir hasta la época en que el petróleo era aun argentino, en una carta personal lo invitó a que hiciera pública y extensiva la otra denuncia mucho más vasta e importante relativa a todas las otras regalías que su provincia había cobrado desde esa fecha hasta nuestros días y respecto de cuyo destino hoy ignoramos hasta las cifras puntuales porque, gracias a la última reforma constitucional, como muy bien nos hace notar Pino Solanas, las provincias hoy en día pactan directamente con las empresas multinacionales la explotación de nuestro petróleo sin que podamos enterarnos de lo que embolsan por dicho concepto. Lamentablemente no solamente el aludido no se hizo eco de tal denuncia sino que tampoco contestó nuestra carta, representando ello un testimonio más del lamentable silencio con que se ha convidado este problema en nuestra sociedad.

 

Al respecto nosotros podemos decir, sin posibilidad a equivocarnos, que a las empresas multinacionales les resulta mucho más conveniente pactar con provincias de casi nula densidad demográfica y con sus gobernantes corruptos pues es  mucho menos lo que deben desembolsar. El director de El Fortín, Marcos Ghio, periódico que, lo repetimos una vez más, en exclusividad desde la Patagonia argentina denunciara tal exacción y a quien "casualmente" se obligara a renunciar a la enseñanza en la provincia de Neuquén luego de una campaña política y periodística efectuada en su contra con la excusa siempre funcional relativa a la violación de "derechos humanos", viajó en una oportunidad en un mismo avión con el gobernador Sobish. Lo notó exultante y ello era, por sus mismos dichos, por haber firmado un contrato por 20 años con Repsol quien le liquidaba regalías anticipadamente, cuando el barril de petróleo costaba menos de 50 dólares, pero lo importante era para él que la "caja provincial" pasaba a contar con una suma sustancial de dinero cash, beneficio éste que en cambio no era para la Argentina, menos aun ahora que el barril ya supera los 80 dólares.

Pero el tema es mucho más vasto y merece, especialmente para los que lo desconocen hacer un breve repaso.

 

 

De la derrota de Puerto Argentino a la República Patagónica del ingeniero San Martín.

 

No hay duda alguna de que la derrota de Puerto Argentino, que fuera precedida por unos meses de euforia patriótica generada por la reconquista de las Islas Malvinas, generó un gran movimiento de reacción contraria por el que entró en crisis nuestro concepto de patria comprendida como comunidad histórica, para ser sustituido por el más crematista relativo a aquella organización jurídica que satisface mejor nuestros intereses. Junto a la democracia fue instalándose cada vez más la idea de que la patria no era una entidad espiritual y trascendente, sino simplemente aquel lugar que mejor nos permitía vivir "felices" y con la panza llena. Fue así que, junto a la consigna de entregar las islas del Beagle "para evitar la guerra", en la Patagonia se fue acuñando la idea de que si lo esencial era la "felicidad" era conveniente saber si ello se lo alcanzaba perteneciendo a la Argentina. En una circunstancia el gobernador de Río Negro, Horacio Massacessi, tras volver de un viaje del emirato de Kuwait, explicó que lo que él había visto era el modelo ideal para las provincias patagónicas. "Si el petróleo, el gas, y otros recursos, fueran para nosotros exclusivamente, manifestó exultante, con la escasez de habitantes que tenemos y con el aumento que se produce en el mundo de tal recurso, bien podríamos llegar a tener unos de los ingresos per cápita más alto del planeta, tal como sucede en el emirato recientemente visitado". De allí que el gobernador, junto a sus pares de Neuquén, Chubut y Santa Cruz, propuso generar un movimiento cada vez más avanzado de autonomía regional, que pasaba por la constitución de un "Parlamento Patagónico", el que funcionaba como una instancia intermedia a fin de negociar con el gobierno central, es decir, con la Argentina.

 

Tiempo atrás en el diario Río Negro se había publicado de manera capciosa un "cuento fantástico" que se titulaba "El día en que la Argentina perdió la Patagonia". Su autor, el ingeniero San Martín, que demás está decir no tiene nada que ver con nuestro padre fundador de la Patria, hacía un relato en el cual manifestaba que los patagones, cansados de que los argentinos no atendían sus reclamos y que los explotaban en tanto se quedaban con sus recursos, un buen día organizaron una acción comando por la cual ocuparon todas las represas hidroeléctricas y los pozos de gas y petróleo amenazando con hacerlos estallar si la Argentina no les reconocía la independencia. Agregaba que de manera inmediata, Chile los apoyó, Inglaterra le entregó las Malvinas a los patagones y la ONU reconoció prontamente al nuevo Estado. El cuento finalizaba con el siguiente aserto. "Y así la Argentina perdió la Patagonia". El suscripto efectuó una denuncia pública de este hecho y difundió la existencia de un grupo separatista, cuyo nombre era PAÍS que promovía abiertamente la secesión. Esa denuncia fue publicada por primera vez en 1984 en la revista Cabildo y es dable señalar que el diario La Prensa, a través del periodista Patricio Randle, se hizo eco de la misma, obligando al aludido ingeniero a dar una explicación. En una carta de lectores el mismo llegó a decir que muchas personas se le ofrecieron como voluntarios para integrar los "comandos suicidas" que iban a dinamitar los aludidos bienes de la Argentina. Lo increíble es que nadie lo enjuició en ese entonces como traidor a la Patria. En nuestras notas sucesivas denunciamos también como, acorde con tal espíritu dirigido hacia la disolución de la Argentina, se insistiera en la provincialización de los recursos energéticos, cosa que no estaba formulada en la Constitución del 53 en la medida que no se señalaba allí que también el subsuelo tenía que pertenecer a las provincias, del mismo modo que tampoco el espacio aéreo.

 

Recuerdo que entre los colaboradores de la revista Cabildo hubo una persona de Mendoza, llamada Díaz Araujo, que me refutó en una nota diciendo que el federalismo era un principio propio de nuestro acervo histórico y rosista y que por lo tanto era lícito sostener que los hidrocarburos fueran provinciales. Yo le contesté que el federalismo no era lo esencial del rosismo, sino apenas una posición circunstancial asumida en una época en la cual la idiosincrasia del país era tradicional y antiliberal, por lo cual en ese entonces los liberales debían ser centralistas. Pero ahora en una época en que la misma se encuentra menoscabada y la nación en el límite propio de su disolución tras la dura derrota de Puerto Argentino, sostenerlo y profundizarlo representa incrementar aun más nuestro abismo. Que no por casualidad hoy en día los liberales eran también federalistas. Y que, tal como manifestara lúcidamente Silenzi de Stagni, el petróleo era un bien indispensable para el desarrollo del país, productor de grandes ganancias y que no era lícito que el mismo perteneciera a un grupo de particulares, aunque éstos se titularan a sí mismos como  "las provincias", en tanto que además iban a ser sus oligarquías las que los usufructuarían, tal como sucede hoy en día. Que debía mantenerse hasta las últimas consecuencias la legislación vigente relativa al petróleo, dándole a la empresa estatal el rol hegemónico en su explotación y que las riquezas que a través del mismo se recabaran debían ser para la comunidad toda y no para un pequeño grupo minoritario, tal como acontece ahora.

 

 

De la independencia de la Patagonia a la patagonización de la Argentina

 

Durante muchos años las provincias patagónicas estuvieron bregando por la propiedad de sus recursos y atacando al "Estado centralista", de la misma manera que en Italia la Liga Lombarda nos habla de "Roma ladrona". Se acusaba a Buenos Aires de "quedarse  con todo". Por supuesto que quienes en la misma Patagonia nos oponíamos a tal tendencia separatista para defender los intereses de la Argentina debíamos ser mal vistos y perseguidos por estas personas vinculadas todas ellas a los partidos políticos. Tal tarea de defensa de lo nacional fue llevada a cabo por la publicación El Fortín, la que por muchos años se autotitulaba como "Publicación nacionalista del sur argentino" y la idea de El Fortín era porque ahora el malón al que había que combatir estaba compuesto por el separatismo, actuando ello como un verdadero desafío a los "patagones" en sus sueños de independencia. Pero esta situación tuvo un vuelco decisivo en la década del 90 con el peronismo menemista. Todo cambió cuando, tras privatizarse YPF, el petróleo dejó de ser argentino y consecuentemente a ello las provincias patagónicas dejaron de ser "explotadas". De aquí en más lo fuimos todos los argentinos, tal como muy bien nos señala Solana cuando se refiere a la profunda estafa que ha significado la pérdida de nuestro petróleo, la que fue confirmada luego por la Constitución de 1994 de Menem y Alfonsín, por la que el mismo pasó definitivamente a ser propiedad de las provincias, es decir de sus oligarquías, las que pactan directamente con las empresas multinacionales su explotación. Pero reconozcamos que esta situación ha hecho cambiar las cosas. Ya no se protesta más contra Buenos Aires, la que ha dejado de ser la metrópolis centralista y explotadora para en cambio convertirse en un coto adecuado para conquistar gracias a los petrodólares que tales oligarquías hoy poseen en abundancia. Por ello no es de extrañar ahora que hemos perdido nuestro petróleo, que sus nuevos dueños se hagan también de nuestro gobierno. Hemos pasado así de la República de la Patagonia a la patagonización de la Argentina, consigna ésta que ni siquiera imaginara la frondosa imaginación del ingeniero San Martín quien no tuvo necesidad de "comandos suicidas" para obtener sus metas. Los argentinos se encargaron de hacerlo.