BIENVENIDOS A COSTA POBRE

del blog Relato del Presente


Cuando era adolescente, mientras terminaba la secundaria, conseguí un trabajo en el kiosco de diarios y revistas "El Gallego", en la esquina de Avenida Escalada y la Autopista Teniente Dellepiane. Para quien no conoce la zona, es a 100 metros del inicio del Parque Indoamericano, que como tal, no existía. Fue durante la gestión de Domínguez que el mismo se trazó, se forestó y se inauguró. Es allí donde también está el monumento más grande a los caídos en la Guera de las Malvinas. Al menos en la Ciudad de Buenos Aires.

A mediados de la década del ´90, quienes querían ir al Parque Indoamericano a disfrutar de sus 5 canchas de fútbol 11, no podían. Desde las 8 de la mañana estaban las cinco ocupadas por gente de la colectividad boliviana que las usaba para armar torneos, por los cuales cobraban inscripción. Obviamente, no tenían autorización de nadie. Todos los santos domingos, terminaban todos alcoholizados y protagonizando batallas campales. Cada lunes, quienes salían a correr por el parque en horas de la mañana, debían cambiar su circuito. Los restos de papeles y los teresos de los copados hermanos bolivianos, estaban desperdigados por todos lados. El Parque Avellaneda, en Floresta, padecía la misma situación.

Quienes viven en Liniers o han transitado por sus calles en los últimos 5 años, habrán notado algún cambio. Ya es Little Villazón. Uno camina por el barrio y ve de todo. Odontólogos especialistas en implantes de cobre, casas de tolerancia "cholas para los cholos" y una feria permanente en la vereda, donde señoras defecan en el cordón, mientras le ofrecen un paquete de pimentón dulce o un conjunto de lencería de dudoso gusto. Ni siquiera les sugiero que crucen la General Paz y vayan ver cómo se encuentra Ciudadela, a no ser que sean adeptos al turismo aventura. Si circulan en auto de noche, les recomiendo que vayan atentos. Si sienten un lomo de burro, es algún hermano boliviano que quedó dormido en la calzada.

Lo que hoy estamos viviendo por televisión, desde la comodidad de nuestros living, era una fruta a punto de caer. Y cayó. Cuando en 2.007 tomaron 200 hectáreas en Ingeniero Budge, partido de Lomas de Zamora, salieron por todos lados. Nadie hizo nada. Scioli entregó sin chistar un predio gigante que iba a convertirse en el Polo Industrial de Lomas de Zamora.

Ese fue el mensaje. Para esta clase dirigente, lo que importa no es el trabajo. Importa que la gente los quiera. Por lo menos esos negritos a los que siempre les tuvieron miedo. Los ven como si fueran parte de un zoológico. Se les acercan cada tanto, les tiran unos maníes, se sacan fotos y se van. Los que tenemos que padecer la desidia de la marginalidad generada, somos los que discriminamos. En este país, el 60% que produce para mantener al otro 40% no existe. De ese sector productivo, la mitad no tiene ni chances de acceder a una vivienda, a no ser que la herede.

Los que quieren apuntar a que esto se trata de una cuestión de xenofobia, le están chingando feo. Tanto le están pifiando, que van despertando un sentimiento xenófobo real donde sólo había un pedido de legalidad. Yo, particularmente, reconozco una sola clase de hombre: el que trabaja. Me importa nada su nacionalidad, color o religión, mientras labure. Pero arriba no se dan cuenta. Trabajamos 16 horas al día para mantenernos en pie. Le entregamos al estado 6 meses de producción en concepto de impuestos y, no sólo no disponemos de beneficios crediticios, sino que, además, nos quitan la posibilidad de disfrutar de nuestros parques.

Ahora, si encima de todo esto, nos tenemos que fumar a la progresía argentina señalándonos con el dedo por pensar como pensamos, están prendiéndose un pucho al lado de un barril de pólvora. Ahí vienen todos a recordarnos que somos hijos, nietos, bisnietos o descendientes de inmigrantes. ¿Y? Más allá de que la historia del mundo se compone de desplazamientos poblacionales y toda la bola, comparar las políticas migratorias de finales del siglo XIX o de mediados del siglo XX con esta fantochada de país gratuito, es errarla.

Aquellas oleadas migratorias se llevaron a cabo con vistas de proyectos de país, y no con fines meramente políticos. Si uno agarra al azar la historia de cualquier ciudad o pueblo que haya crecido a la vera de alguna estación de tren, se encontrará que los mismos fueron fundados por inmigrantes suizos, italianos, españoles, alemanes e ingleses. No se quedaron en la ciudad, fueron a buscar trabajo y a hacerse la América. Para aquellos que acusan a aquellas gestiones de atraer sólo la migración europea, no puedo creer que haya que explicarles lo que es un modelo de país. No se trataba de tener todos rubios de ojos celestes (si encuentran un tano del sur con esas características, chiflen) sino de convertir este país improductivo en un país agroexportador con la primera corriente, y reconvertirlo en uno industrializado con la segunda.

Esto no es lo mismo. Esto no es igual. Una mujer que sale en Telefé Noticias quejándose de que los 8 mil pesos que le dio el Gobierno de la Ciudad para que desaloje un departamento usurpado ya se le habían acabado y que nadie le quería dar más, no es siquiera similar a lo que nos quieren vender como corrientes inmigratorias idénticas a las anteriores. Todo el periodismo preocupado por si las balas que mataron a un paraguayo y a un boliviano en el desalojo habían provenido de armas policiales. ¿Y si venían de armas policiales, qué?

Es el Estado el que tiene el poder de la fuerza. El único que tiene el control sobre lo público. Por cada vez que alguien argumente que nuestros ancestros también llegaron escapando del hambre y la miseria, le responderé que lo primero que tuvieron que hacer, fue adaptarse a las leyes de la Argentina. Es así. No me imagino a un grupo de Argentinos loteando la Plaza Mayor de Madrid, o el Tiergarten de Berlín. Como tampoco me imagino al progresista Rodríguez Zapatero haciéndose el dolobu y ordenando al Cuerpo Nacional de Policía que no le de una mano a la Policía Municipal.

Pero nosotros tenemos un Gobierno Rock&Pop que gobierna para todos. Antes, le teníamos miedo al enemigo inglés. Ahora, Bolivia hace con nosotros lo que se le canta el papo. Si el Ejército Boliviano invade territorio argentino para delinquir y el Gobierno no hace nada, imagínense qué carajo le importará que tomen un parque. Pero de la omisión capciosa, pasamos directamente a la acción consciente: el Jefe de Gabinete de la Nación amenazó con expulsar inmediatamente de la fuerza a todo aquel que actúe en el Parque Indoamericano.

Ahora entiendo a mis conocidos anarquistas que se sienten identificados con este Gobierno, lo cual genera otra gran incógnita. Si este Gobierno propugna el intervencionismo estatal para el bienestar de la población. ¿Dónde mierda está el Estado ahora? ¿Dónde?

El martes, eran 50 familias desalojadas. Ayer, eran 200. Hoy son 1.200. Como es un viva la pepa, ahora van llegando desde La Matanza y Lomas de Zamora. Y mientras tenemos exponentes del nivel de Lubertino, que sostiene que el Gobierno de la Ciudad se lo merece por no haber solucionado el problema habitacional, tenemos a miles de porteños que no pueden acceder a un crédito hipotecario, por no cobrar 14 mil pesos mensuales que les alcanzaría para comprar un monoambiente en Villa Culo y que terminarían de pagar a los 60 años.

Ahí tienen a la Embajada Boliviana en Argentina agradeciendo al país por los 1.800.000 de ciudadanos bolivianos que fueron recibidos por nuestro país desde la reforma migratoria, mientras critica a Macri por querer reprimir. Ya cualquiera se nos anima. Cualquiera.

Dado que siempre me acusan de quejarme y nunca sugerir nada, por lo pronto, propongo que el Gobierno Nacional lance el "Plan Progres Solidarios" y que cada progre argentino se lleve a su casa una familia de hermanos latinoamericanos. Ya que hay mucho preocupado por la realidad de Bolivia, esta es la oportunidad de oro de tener su propia familia de bolivianos. Otra solución sería hacer la gran Chávez. Mandemos a los hermanitos latinoamericanos a vivir a hoteles hasta que se solucione el desastre habitacional. Podemos arrancar por el de Moyano y el de Cristina. Después de todo, el socialismo empieza por casa.

Viernes. Bienvenidos a Costa Pobre.