La resistencia palestina, cualquiera de sus variantes, no solo es legítima... es un derecho. Entiendo esto como un derecho inalienable, cabe hacerse la pregunta: ¿Existen los derechos violentos?

LA RESISTENCIA PALESTINA: UN DEBATE EN TORNO A SU ADJETIVACIÓN

 

Hace unas semanas el tema del objeto suscitó un debate interesante que creo no está cerrado y tiene en sí mismo una riqueza de matices y opiniones que se nos antojan fundamentales. Con el deseo de retomar este debate animamos a los lectores a compartir sus opiniones.

El tema en cuestión es lo suficientemente delicado como para despacharlo en unas simples líneas. No es la primera vez que mi postura de claro rechazo ante la adjetivación de la resistencia palestina como resistencia violenta o no violenta se encuentra con diferencias y críticas desde las más respetuosas hasta las más acaloradas.

Lo primero que debo decir es que la resistencia es un derecho legítimo y contemplado en el Derecho Internacional. La Resolución 3070 de Naciones Unidas (1973) deja clara esa legitimidad ante casos de colonialismo y ocupación:

1. Reafirma el derecho inalienable de todos los pueblos que se encuentran bajo dominación colonial y extranjera y subyugación foránea a la libre determinación, libertad e independencia de conformidad con las resoluciones 1514 (XV) de 14 de diciembre de 1960, 2649 (XXV) de 30 de noviembre de 1970 y 2787 (XXVI) de 6 de diciembre de 1971 de la Asamblea General;

2. Reafirma igualmente la legitimidad de la lucha de los pueblos por librarse de la dominación colonial extranjera y de la subyugación foránea por todos los medios a su alcance, incluida la lucha armada;

3. Insta a todos los Estados a que, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas y con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas, reconozcan el derecho de todos los pueblos a la libre determinación e independencia, y ofrezcan ayuda moral, material y de otra índole a todos los pueblos que luchan por el pleno ejercicio de su derecho inalienable a la libre determinación e independencia.

El artículo 2 de la Resolución 3070, del 30 de noviembre de 1973, de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que constituye, como todas las resoluciones de la ONU, derecho internacional que deben ser acatado por todos los Estados miembros, deja nula de toda nulidad, todas las acusaciones de “terrorismo” con las que se tienden a denominar las acciones de defensa de los pueblos libanés y palestino, frente a las continuas incursiones e invasiones del ejército del Estado de Israel.

En el caso que nos ocupa queda meridianamente claro que la resistencia palestina, en cualquiera de sus variantes, no solo es legítima sino que es un derecho. Entendiendo esto como derecho inalienable, cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿Existen los derechos violentos?

Aquí residen todas nuestras diferencias. Quien clasifica a la resistencia palestina como violenta o no violenta, lo que hace, acaso sin quererlo en algunos casos, es validar y legitimar las campañas de desprestigio que se crean en Occidente y en Israel sobre la resistencia palestina dejando como única válida a aquella que se manifiesta de manera pacífica. Y aún así sabemos todos que las cárceles de Israel y los cementerios están repletos de estos resistentes palestinos que cultivaban la resistencia pacífica desde antes de la Nakba, en 1948.

Definir a un tipo de resistencia como violenta tiene toda una connotación lingüística y política que genera un rechazo automático en quien la escucha o la lee. Sobre todo de un tiempo a esta parte en que desde múltiples plataformas (políticas, mediáticas, diplomáticas) se viene presionando en este sentido. En este contexto cabe leer el discurso de Obama en la Universidad del Cairo en 2009. “Los palestinos deben abandonar la violencia”.

Esta obsesión que a su vez es presión sobre la parte oprimida, no tiene parangón en la historia reciente. A los palestinos se les exige todo, cómo deben vivir, cómo deben comportarse…hasta cómo deben resistir, no sin antes decirles cómo deberán gobernarse. Es realmente escalofriante cómo al oprimido se le carga de toda la responsabilidad, y al opresor no se le sanciona… queda totalmente impune de todo crimen y opresión.

La resistencia es entonces un derecho y es legítima, en todas sus variantes. Adjetivarla es abrir el campo al relativismo, a los posicionamientos, a los sectarismos y a la crítica sobre un derecho que flaco favor le hace al oprimido en su lucha por su liberación.