RESTOS DE VENENO

por Salman Abu-Sitta

 

Occidente hace la vista gorda ante el primer terrorista biológico de Oriente Próximo, Israel, donde se sitúa el mayor depósito de armas de destrucción masiva entre Londres y Pekín.

Al tener que enfrentarse a esta anormalidad, el embajador de Estados Unidos ante la ONU, John Negroponte, responde con el cinismo típico: “Israel no usó estas armas contra su pueblo o los vecinos”. Dando por hecho que el embajador está bien informado, esta afirmación es una flagrante mentira. Israel utilizó armas biológicas incluso antes de ser creado sobre tierra árabe en 1948 y las utiliza ahora. Según Ben Gurion, el propósito es genocida y aunque no se haya logrado, el objetivo es impedir retornar a sus casas a los palestinos desposeídos.

Envenamiento del suministro de agua de acre:

Tras la ocupación de Haifa por los sionistas el 23 de abril de 1948, bajo las narices de las tropas del Mandato británico encomendadas al general Stockwell, un hombre que sigue desacreditado históricamente por su fracaso, miles de personas acudieron a Acre, una ciudad cercana que todavía era árabe y estaba bajo la “protección” del ejército británico.

Acre iba a ser el siguiente objetivo sionista. Estos asediaron la ciudad desde tierra y empezaron a lanzar sobre la población día y noche una lluvia de bombas de mortero. Famosa por sus murallas históricas, Acre pudo aguantar el asedio durante mucho tiempo. El suministro de agua de la ciudad llegaba a través de un acueducto desde una ciudad cercana, Kabri, situada a unos 10 kilómetros al norte. Los sionistas inyectaron tifoidea en un punto intermedio del acueducto a su paso por asentamientos sionistas.

Hoy se puede contar esta historia gracias a que ahora, 50 años después de los hechos, se pueden consultar los archivos del Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC, por sus siglas en inglés). Una serie de informes, con la referencia G59/1/GC, G3/82, enviados por el delegado del ICRC, de Meuron, desde el 6 hasta aproximadamente el 19 de mayo describen las condiciones de la población, atacada por una repentina epidemia de fiebre tifoidea, y los esfuerzos para combatirla.

De particular importancia fueron las actas de una reunión de emergencia celebrada en el Hospital de la Cruz Roja Libanesa de Acre el 6 de mayo para hacer frente a la epidemia de tifus. A la reunión asistieron el general de brigada Beveridge, jefe de los servicios médicos británicos, el coronel Bonnet del ejército británico, el dr. Maclean de los servicios médicos, de Meuron, delegado del ICRC, además de otros altos cargos de la ciudad. En las actas se afirmaba que hubo al menos 70 víctimas civiles reconocidas y puede que otras no se registraran. Se determinó que la infección “se transmitió a través del agua”, y no se debió a la superpoblación de la ciudad o a la falta de higiene, como afirmaban los israelíes. Se decidió que el suministro de agua sustituto debería proceder de los pozos artesianos o de la explotación agrícola, justo al norte de Acre, y no del acueducto. Se utilizó cloro, se empezó a vacunar a la población civil, se controlaron los movimientos de la población civil (para que los refugiados que se dirigían al norte, hacia Líbano, no llevaran con ellos la epidemia de tifus, como pretendían los sionistas).

En otros de sus informes, de Meuron mencionó 55 víctimas entre los soldados británicos, que se esfumaron hacia Port Said para ser hospitalizados. El general Stockwell encargó a de Meuron que volara en un avión militar a Jerusalén para conseguir medicinas. Los británicos, que habían dejado Palestina en manos de los judíos, no querían que otro embarazoso incidente retrasara su partida.

El general de brigada dijo a de Meuron que “era la primera vez que eso ocurría en Palestina”. Esto contradice la versión israelí, incluyendo la del historiador israelí Benny Morris, que sostiene que la epidemia se debió a “las condiciones de falta de higiene” de los refugiados. De haber sido así, ¿cómo se explica que hubiera una cantidad casi igual de víctimas entre los soldados británicos? ¿Por qué esas condiciones no causaron epidemias en otras concentraciones de refugiados, en condiciones mucho peores, en Jaffa, Lydda, Nazaret y Gaza?

El delegado del ICRC, de Meuron, admiró enormemente los heroicos esfuerzos de los médicos árabes, los doctores Al-Dahhan y Al-Araj del Hospital de la Cruz Roja en Acre, y el doctor Dabbas y la doctora. Bahai de Haifa.

La ciudad de Acre, que en aquel momento se encontraba bajo el peso de la epidemia, fue fácilmente presa de los sionistas. Estos intensificaron sus bombardeos. Camiones cargados con altavoces proclamaron: “Rendíos o sucidiaos: Destruiremos hasta al último de vuestros hombres”. Aquello no se trataba de un recurso formal de la oratoria. En The Palestinian Catastrophe Palumbo relata el caso “típico” de Mohamed Fayez Soufi. Soufi fue con unos amigos a recoger comida de sus casas en un barrio residencial nuevo de Acre. Fueron capturados por soldados sionistas y obligados a punta de pistola a beber cianuro. Soufi simuló que bebía el veneno. Los otros no fueron tan afortunados y murieron en media hora.

El teniente Petite, un observador francés de la ONU, informó de que el ejército estaba llevando a cabo saqueos sistemáticos y que se llevaban los muebles, ropa y todo cuanto pudiera servir a los nuevos emigrantes judíos y también como “parte de un plan judío para impedir que los refugiados retornaran a sus casas”. El teniente Petite también informó de que los judíos habían matado a cien civiles árabes en Acre, especialmente a quienes se negaban marcharse.

De Meuron informó de más horrores. Hablo de “un reino del terror” y del caso de la violación de una chica por parte de varios soldados y el asesinato de su padre. También relató que todos los ciudadanos varones fueron llevados a campos de concentración y considerados “prisioneros de guerra” a pesar de que no eran soldados. Esto hizo que muchas mujeres y niños quedaran sin hogar, sin protección y fueran presa de incontables actos de violencia. También señala la ausencia de agua y de electricidad. Pidió a los sionistas una lista de los detenidos como “prisioneros de guerra”, pidió conocer su paradero y permiso para visitarlos. Lo que es más importante, pidió que Acre volviera a estar bajo la protección del ICRC y a su cuidado. Cualquiera que lea el conocido lenguaje seco y objetivo del ICRC no dejará de notar en los informes de de Meuron desde Acre el tono de profundo aborrecimiento respecto a las acciones sionistas.

Este episodio, que empezó con el envenenamiento del suministro de agua de Acre y acabó con el colapso de la ciudad, la despoblación de sus habitantes y su ocupación por parte de los judíos, abrió el apetito de estos últimos de volver a intentar este crimen.

Envenamiento de Gaza:

Al cabo de dos semanas de su “éxito” en Acre, los sionistas atacaron otra vez. Esta vez en Gaza, donde se habían reunido cientos de miles de refugiados después de que fueran ocupados sus pueblos en el sur de Palestina. Sin embargo, en este caso el final fue diferente.

El siguiente telegrama fue enviado desde la comandancia de las Fuerzas Egipcias en Palestina a los Cuarteles Generales en El Cairo:

“15.20 horas, 24 de mayo [de 1948] nuestras fuerzas de inteligencia han capturado a dos judíos, David Horeen y David Mizrahi, merodeando por posiciones del ejército. Fueron interrogados y confesaron que habían sido enviados por el agente Moshe para envenenar el suministro de agua del ejército [y de la población]. Llevaban dos botellas de agua divididas por la mitad. La parte de arriba contenía agua potable y la de abajo líquido contaminado con tifoidea y disentería, y estaban equipadas un orificio en el fondo desde el que se podía soltar el líquido. Confesaron ser miembros de un fuerte equipo de 20 miembros enviados desde Rehovot con el mismo propósito. Ambos escribieron su declaración en hebreo y la firmaron. Hemos tomados las precauciones médicas necesarias”.

En el Diario de guerra de Ben Gurion encontramos la siguiente entrada del 27 de mayo de 1948:

"[El jefe del Estado mayor Yigel Yadin] recibió un telegrama en el que se decía que habían capturado a unos judíos que llevaban gérmenes de malaria y que se habían dado instrucciones de no beber agua”. Esto es típico de la oblicua escritura de la historia que hace Ben Gurion. Conocía perfectamente el peso de la historia cuando se descubrían semejantes crímenes. Los juicios de Nuremberg se habían celebrado tres años antes. En el libro de Yeruham Cohen, In Daylight and Night Darkness, Tel Aviv, 1969, pp 66-68 (en hebreo) se relata más sobre los orígenes de este telegrama.

Los criminales fueron ejecutados tres meses después. El 22 de julio de 1948, el Alto Comité Árabe [palestino] (AHC, por sus siglas en inglés) presentó ante Naciones Unidas un informe de trece páginas en el que acusaba a los judíos de utilizar armas “inhumanas” y de haber emprendido una guerra genocida contra los árabes por medio del uso de bacterias y de gérmenes, desarrollados en laboratorios construidos específicamente para ello. El informe también acusa a los judíos (no se utiliza la palabra “Israel”) de difundir el cólera en Egipto y Siria en los años 1947 y 1948. El premiado periodista Thomas J. Hamilton del New York Times recogió la historia y la publicó el 24 de julio de 1948. La historia presenta ahora una nueva vuelta de tuerca al añadirse Egipto y Siria al campo de operaciones judío.

Cólera en Egipto y Siria:

El verano de 1947 estuvo repleto de actividad diplomática. El Comité Especial de Naciones Unidas para Palestina (UNSCOP, por sus siglas en inglés) se afanó en viajar por Palestina y los países árabes para proponer la partición de Palestina de manera que a los nuevos inmigrantes judíos a Palestina, que bajo el Mandato británico sólo controlaban el 6% de Palestina, se les diera un gran pedazo de Palestina (el 54% de ésta) para establecer un Estado extranjero en el corazón de la tierra árabe.

Los árabes, todavía bajo la tutela británica, estuvieron discutiendo cómo resistirse a este plan apoyado por occidente de robarles su tierra. La fuerzas con las que se las tenían que ver eran los países vecinos que tenían fronteras comunes con Palestina. Líbano era débil. Trans-Jordania todavía estaba controlada directamente por los británicos y el rey Abdullah era conciliador con los judíos. Quedaban Egipto, el país árabe más fuerte, y Sira, que recientemente se había librado de las garras del Mandato francés. Siria era el centro de la resistencia árabe a la ocupación extranjera de Palestina. En Qatana se establecieron centros de adiestramiento para preparar a voluntarios árabes para entrar en Palestina bajo el estandarte del “Ejército Árabe de Rescate”. Por consiguiente, Egipto y Palestina eran los principales objetivos.

En su constantemente actualizado informe de 220 páginas titulado “Bioterrorismo y Biocrímenes: El uso ilícito de agentes biológicos desde 1900”, de febrero de 2001, el dr. W. Seth Carus del Centro de Investigación por la No Proliferación, Universidad de Defensa Nacional, Washington, DC, figura el siguiente subtítulo en la página 87: “Caso 1947-01: Terrorismo "sionista" 1947-1948”.

En esta sección afirma que los brotes de cólera en Siria y Egipto recibieron una amplia atención de la prensa internacional. El primer reportaje acerca del cólera en Egipto se publicó el 26 de septiembre de 1947 en el Times of London, página 4. En el momento de producirse los últimos casos en enero de 1948 habían muerto 10.262 personas.

También afirma que el brote en Siria fue mucho menor. Se limitó a dos ciudades a unos 60 kilómetros al sur de Damasco, esto es, cerca de la frontera con Palestina. El primer reportaje se publicó en el New York Times del 22 de diciembre de 1947, página 5.

El ejército sirio formó un cordon sanitaire y las víctimas se limitaron a 44, incluyendo 18 muertos. Poco después el periódico beirutí en lengua francesa, Orient, informó de que habían sido arrestados varios agentes sionistas que habían empleado el cólera para desbaratar la movilización del ejército de voluntarios. Se desconoce cuál fue su destino.

Carus afirma que estos incidentes, junto con el envenenamiento en Gaza, fueron descritos en la queja del AHC ante Naciones Unidas y cita el informe:

“Los judíos planean utilizar este arma inhumana contra los árabes en Oriente Próximo en su guerra de exterminio”.

Carus añade información de otras fuentes acerca del envenenamiento en Gaza. Carus afirma que Rachel Katzman, la hermana de Horeen, afirmó: “Conocí a uno de los mandos [de mi hermano] en una conferencia en Jerusalén. Le pregunté si de verdad mi hermano había tratado de envenenar los pozos. “Éstas eran las armas que teníamos”, dijo, “ y no hay más que hablar”.

Carus añade también otra fuente sobre el envenenamiento de Acre, que afirma: “Citando al historiador militar Uri Milstein como fuente, este informe afirma también que los israelíes envenenaron el suministro de agua de la ciudad árabe de Acre, donde causaron un importante brote, y de otros pueblos árabes para impedir que retornaran sus habitantes” [Wendy Barnaby, The Plague Makers: The Secret World of Biological Warfare, London, Vision Paperbacks, 1997, pp. 114-116].

El escritor consiguió una copia de un correo electrónico en el que un activista pacifista israelí preguntaba a Uri Milstein acerca del envenenamiento de Acre. A pesar de que sus puntos de vista coinciden con los de la extrema-derecha israelí, el correo describe a Milstein, el historiador militar, como “muy informado, inteligente, valiente, original, honesto”. Milstein replicó:

“Siento decirlo, pero la historia es verdad y el nombre de la operación era “Shlach Lachmecha”, es decir, “dona tu pan”, que es parte de un dicho hebreo que afirma: dona tu pan porque tarde o temprano te lo devolverán, lo que significa que hay que ser generoso y un día se obtendrá algún beneficio de ello. ¿No es un nombre precioso para una operación en la que se usan armas biológicas?”

¿Cómo Ben Gurion empezó todo esto?

El 4 de marzo de 1948 Ben Gurion escribió una carta a Ehud Avriel, uno de los agentes de la Agencia Judía en Europa, ordenándole reclutar científicos judíos del este de Europa que pudieran “aumentar [nuestra] capacidad o bien para matar masas o bien para curarlas; ambas cosas son importantes”. Esta cita truncada la proporciona Avner Cohen que cita a un autor en el Centro de Investigación Ben Gurion en Sdeh Boker.

Para entender el significado de esta cita debemos recordar la doctrina de Ben Gurion: la destrucción de la sociedad palestina en Palestina es una condición necesaria para el establecimiento sobre sus ruinas del Estado de Israel. Como corolario de esta doctrina la limpieza étnica se convierte en una parte integral del sionismo. Si no se puede expulsar a los palestinos por medio de las masacres y las expulsiones, serán expulsados por medio de la “exterminación”. Estas palabras fueran utilizadas específicamente en la carta del AHC antes mencionada. El significado de esta palabra es que los árabes raramente la utilizan a relación a su destino. Los horrores de Europa o bien eran remotos o bien desconocidos para ellos.

La advertencia de Ben Gurion de “curar a las masas” es otra de sus vueltas de tuerca con un ojo puesto en la historia ya que es inconcebible que en 1948 los árabes tengan la capacidad o la voluntad de ocasionar el “asesinato masivo” de los judíos utilizando armas biológicas. Da la casualidad de que Ben Gurion fue el primero en utilizar estas armas. Su legado, mucho más refinado y desarrollado, sigue siendo cierto hasta hoy en día.

Avner Cohen, miembro del Centro de Estudios Internacionales y de Seguridad, y del Programa sobre Seguridad y Desarmamento en la Universidad de Maryland, escribió un informe exhaustivo sobre las armas químicas y biológicas de Israel que se publicó en la revista Non-Proliferation Review, de otoño de 2001. A pesar de su formación que le proporciona una comprensión favorable de los motivos de Israel, en 50 páginas de detalles procedentes de fuentes abiertas y de unas pocas entrevistas su trabajo analiza paso a paso el establecimiento y desarrollo del centro israelí para el terrorismo biológico.

A clavar Israel en el corazón del mundo árabe, Ben Gurion estaba determinado a lograr su objetivo en contra de todas las posibilidades. “ En número somos inferiores a otros pueblos, pero ningún otro pueblo es superior a nosotros en destreza intelectual”, comentó Ben Gurion.

En los años cuarenta reunió en torno a él a Ernst David Bergmann, Avraham Marcus (Marek) Klingberg (del Ejército Rojo) y a los hermanos Aharon y Ephraim Katachalsky (Katzir), todos ellos expertos en microbiología. Formaron el núcleo del Cuerpo de Ciencia en la Haganah [1] durante el Mandato británico. En mayo de 1948 Ephraim Katachalsky fue nombrado comandante de esta nueva unidad que fue reabutizada como HEMED. Surgió una disputa entre Chaim Weizmann, que quería establecer un instituto científico para una ciencia “limpia”, y Ben Gurion, que insistía en construir un centro “sucio” para armas biológicas. Ambos vieron realizados sus deseos. En Rehovot se construyó el Instituto Weizmann para la investigación científica. Dentro del HEMED se formó una nueva unidad, como una rama del ejército israelí, dedicada a las armas biológicas y llamada HEMED BEIT. Su director fue un microbiólogo de la facultad de medicina de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Con la despoblación de 530 ciudades y pueblos palestinos en la Nakba de 1948, muchos edificios y casas se quedaron vacíos y más de la mitad de los inmigrantes judíos de los años cincuenta fueron alojados en ellos. El jefe del Estado mayor Yigal Yadin eligió una sede para la nueva unidad de desarrollo de armas biológicas en una mansión situada en medio de un gran naranjal al oeste de Nes Ziona. Esta unidad, conocida públicamente como Instituto de Israel para la Investigación Biológica (IIBR, por sus siglas en inglés), continúa todavía ahí. Se amplió el edificio que está rodeado de un muro de tres metros de altura, sensores de movimiento y torres de vigilancia.

Mientras que el IIBR representa la fachada de una institución científica israelí que produce estudios “limpios” y que recibe invitaciones para asistir a conferencias científicas, el verdadero desarrollo de armas biológicas se lleva a cabo dentro del IIBR en un centro altamente confidencial (Machon 2, uno de cuatro centros) fundado y controlado directamente por el ministerio de Defensa israelí.

En la página web del IIBR se afirma que el personal del instituto está formado por 300 empleados, de los cuales la mayoría tienen el doctorado, y por 100 técnicos cualificados. Pero estas cifras son engañosas porque hay otros muchos científicos que desempeñan su trabajo en los departamentos de microbiología de las facultades de medicina de la Universidad de Tel Aviv y de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Se compensó a Ephraim Katzir por sus servicios al Estado eligiéndolo como presidente de Israel en 1973. Aharon Katzir murió en el ataque japonés al aeropuerto de Lydda el 30 de mayo de 1972.

Poco tiempo después de los envenenamientos de Acre y Gaza Ben Gurion lanzó un proyecto intensivo para desarrollar “una capacidad barata y no convencional” en 1955. ¿Por qué tanta prisa?Como informa Cohen, Munya Mardor, fundador de la Autoridad para el Desarrollo de Armas de Israel (RAFAEL), afirma que Ben Gurion “estaba claramente preocupado porque no se pudiera cumplir con el plazo que él había impuesto, preocupado porque el enemigo pudiera tener esa capacidad y nosotros no tuviéramos nada para impedirlo o para tomar represalias”. Resultó que las prisas eran para llegar al plazo de la Agresión Tripartita a Suez de 1956. Si fallaba su campaña, Ben Gurion estaba preparado para bombardear Egipto con armas biológicas. Como si eso no fuera suficiente, Israel firmó un acuerdo con Francia para crear ese mismo año un programa nuclear. El enviado de Ben Gurion en Francia no era otro que el diplomático amante de la paz Shimon Pensky (Perez).

Anver Cohen afirma que la ubicación del IIBR es secreta y no aparece en mapas ni en fotografías aéreas. Sin embargo, todavía es posible situar con exactitud su localización.

¿Dónde está el IIBR?

En los años treinta la carretera que iba de Ramleh a Nabi Rubin, un popular centro religioso visitado anualmente, pasaba por Wadi Hunein, una buena tierra arenosa con algunas partes pantanosas. La rica familia Al-Taji Al-Farouki de Ramleh compró grandes extensiones de esta tierra y creó en ella productivos campos de cítricos que exportaban cientos de miles de cajas de naranjas de Jaffa a Europa. Sobre una parcela de una extensión de 134.029 m2 Shukri Al-Taji se construyó ahí una hermosa mansión, un edificio rectangular de dos pisos en lo alto de una colina. El número de la parcela es 549/32 y está registrada en el registro de la tierra con el número de registro E42/260 de fecha del 16 de marzo de 1932. También construyó una mezquita en la carretera asfaltada de Jaffa a Qubeiba. Sobre otra colina situada a un kilómetro en dirección este, su primo Abdel-Rahman Hamed Al-Taji construyó una casa formada por varios edificios. La mansión rodeada de amplios naranjales ofrece una visión idílica en medio de un tranquilo entorno.

Éste es el lugar elegido por Yigal Yadin para su centro de investigación de armas biológicas. La mansión de Shukri Al Taji se convirtió en la sede del IIBR. La página web del IIBR (www.iibr.gov.il) muestra orgullosamente en su página de inicio la entrada del edificio, que no es otra cosa que la mansión de Shukri con su fachada con arcos y altos árboles exuberantes. Unos diez años después Shukri murió en El Cairo con el corazón destrozado.

Si se conduce desde Nes Ziona hacia el oeste por la carretera 4303, se tuerce a la izquierda por la carretera 42 hacia el sur, a una distancia de 500 metros a la derecha se encuentra el IIBR. Las coordenadas del IIBR son:

Según las coordinadas de Palestina/ Israel: 128.263 E, 147.022 N

Según las del Nuevo Israel: 178.263 E, 647.022 N

Según las coordinadas geográficas: E 34D 46' 27 N 31D 55' 7

En hebreo esta zona se llama “Ayalon”. Directamente hacia el oeste sobre la costa se encuentra la plataforma de lanzamiento de misiles de Palmahim.

Otros edificios de Al-Taji fueron expropiados y utilizados. La mezquita se ha transformado en una sinagoga, llamada “gulat Israel”. La casa de Abdel-Rahman se ha convertido en un hospital psiquiátrico.

Perseguir a los culpables:

Sara Leibovitz-Dar es una tenaz periodista de investigación. El trauma vivido por sus padres en su Lituania natal le dejó una marca indeleble. Aborrecía la injusticia y, especialmente, la sumisa aceptación de ésta. Investigó los envenenamientos de Gaza y Acre y el ataque al avión civil libio. El historiador militar israelí Uri Milstein identificó para ella los nombres de los altos cargos responsables de los crímenes biológicos.

En 1993 Sara trató de entrevistar al comandante que había sido responsable del envenenamiento de Acre. Se negó a hablar. “¿Por qué está usted rebuscando en problemas que ocurrieron hace 45 años?”, preguntó. “No sé nada de todo esto. ¿Qué ganaría usted con publicarlo?”

Sara volvió a entrevistar al oficial responsable del envenenamiento de Gaza. Se negó a responder. “No encontrará respuestas para estas preguntas. Ni de mí ni de ninguna otra persona”. Sara era persistente. Preguntó al coronel Shlomo Gur, ex-jefe de HEMED, si él conocía las operaciones secretas de 1948. “Oímos hablar de la epidemia de tifoidea en Acre y de las operaciones de Gaza. Corrían muchos rumores pero yo no sé si son verdad o no”, respondió.

Sara publicó sus conclusiones en Hadashot con el título de “Microbios al servicio del Estado” el 13 de agosto de 1993, pp. 6-10. Sara, que ahora trabaja Ha'aretz, concluyó con el siguiente comentario: “Lo que una vez se hizo con convicción y fanatismo ahora está oculto por la vergüenza”. Fiel a la tradición israelí, Sara declinó por dos veces responder por correo electrónico a una demanda de información por parte del este autor.

No todos tienen miedo a hablar. Naeim Giladi es un judío iraquí que a principios de los cincuenta fue atraído a Israel por agentes del Mossad. Trabajó con el fanatismo y la dedicación de un nuevo sionista y pronto descubrió que dentro de la clase dirigente ashkenazi “no había muchas oportunidades para aquellos de nosotros que éramos ciudadanos de segunda clase”, como le dijo al director del The Link en Nueva York adonde emigró tras abandonar Israel. “Empecé a descubrir los brutales métodos para librar al recién nacido Estado del mayor número posible de palestinos. El mundo retrocede hoy horrorizado ante la idea de guerra bacteriológica, pero probablemente Israel ha sido el primero en usarla realmente en Oriente Próximo. Las fuerzas judías vaciaron de su población los pueblos árabes, generalmente por medio de amenazas, a veces matando a tiros a media docena de jóvenes para que los árabes no pudieran retornar. Los israelíes echaron bacterias de disentería y de tifus en los pozos de agua para impedir que retornaran los refugiados” [The Link, Vol. 31 número 2, abril-mayo de 1998].

Otro testigo que habló, el ex-agente del Mossad, Victor Ostrovsky, afirma que en el interior de las instalaciones del IIBR se han realizado pruebas letales con prisioneros árabes.

La Investigación Alemana:

El 4 de octubre de 1992 a las 6.21 pm, el vuelo El Al 1862 abandonó el aeropuerto Schiphol de Amsterdam camino de Tel Aviv transportando tres tripulaciones, un pasajero y 114 toneladas de carga. Siete minutos después se estrelló contra un elevado edificio de apartamentos en Bijlmer. El vuelo El Al 1862 se convirtió en el peor desastre aéreo de la historia de Alemania en el que murieron al menos 47 personas (se desconoce el número real de muertos debido a que muchas de las víctimas eran inmigrantes) y destrozó la salud de 3.000 residentes alemanes. En aquel barrio y en otros empezaron a darse casos de enfermedades misteriosas, de sarpullidos, de problemas respiratorios y nerviosos, y de cánceres.

El gobierno alemán, en connivencia Israel, mintió a sus ciudadanos diciéndoles que el avión transportaba perfumes y flores. ¡Menudas flores! Al enérgico y persistente responsable de la sección de ciencias del diario alemán NRC Handelsblad, Karel Knip, le llevó varios años descubrir los hechos. El 27 de noviembre de 1999 Knip publicó la investigación más detallada y objetiva acerca de los trabajos de terrorismo biológico que tenían lugar en el IIBR.

En primer lugar descubrió que, entre otras cosas, el avión transportaba 50 galones de DMMP, una sustancia utilizada para hacer un cuarto de tonelada del letal gas nervioso sarín, 20 veces más letal que el cianuro. Transportaba la carga desde las industrias químicas Solkatronic de Morrisville, Pennsylvania al IIBR en Israel, con licencia del departamento de comercio estadounidense. Esto supone una violación de la Convención sobre Armas Químicas (CWC, por sus siglas en inglés) de la que es signatario Estados Unidos, aunque no Israel.

Con obstinada determinación Knip revisó los textos científicos producidos desde 1950 por el IIBR y por los departamentos de microbiología de la facultad de medicina en la Universidad de Tel Aviv y en la Universidad Hebrea. Pudo identificar a 140 científicos implicados en la investigación de armas biológicas. El número podría ser mayor ya que los científicos tiene puestos dobles y van cambiando. Muchos de ellos pasaban invariablemente sus años sabáticos en Estados Unidos. Tienen estrechas relaciones con el Instituto de Ejército Walter Reed, la Universidad de Servicios Uniformados, el Centro Estadounidense de Armas Químicas y Biológicas (CBW, por sus siglas en inglés) en Edgewood y la Universidad de Utah.

Sorprendentemente, Knip fue capaz de identificar tres categorías dentro de la producción del IIBR: enfermedades, toxinas y convulsivos, y su desarrollo en cada una de las cinco últimas décadas (Véase la tabla al final).

La investigación pasó de los virus y las bacterias a las toxinas porque son mucho más venenosas. Los gases nerviosos tabun, soman, sarín, VX, cyclo-sarin, RVX y amiton son todos ellos gases letales y funcionan de la misma manera.

Knip fue más lejos. Buscó la ayuda de expertos en este campo, como el profesor Julian Perry Robinson de la Universidad de Sussex, Brighton; el dr. Jean Pascal Zanders del SIPRI de Estocolmo y el profesor Malcolm Dando de la Universidad de Bradford. Ellos dirigieron su investigación y le explicaron sus conclusiones.

Knip descubrió también una estrecha cooperación entre el IIBR y el programa británico-estadounidense de armas biológicas. Este programa se ocupa de los virus y bacterias propagados por roedores e insectos, y abarca la viruela, enfermedades mióticas y la legionella. Hay que indicar que hace unos años hubo un brote de esta enfermedad en Filadelfia y, sorprendentemente, en un hotel de Eilat a mediados de enero de este año.

El interés por el veneno vegetal elate-ricino se limita a unas pocas instituciones aparte del IIBR. Se recordará que el pasado mes de enero fueron arrestados en Gran Bretaña unos biólogos aficionados que trataban de preparar ricino.

La novedosa y peligrosa vía de investigación en relación a las armas biológicas en el IIBR es el desarrollo de incapacitantes que paralizan, desorientan, provocan movimientos incontrolables y dolor agudo en el estómago. La mayoría de estos incapacitantes tienen antídotos para paliar el daño ocasionado. Durante la Intifada se utilizaron estos incapacitantes contra los palestinos.

También existe una estrecha colaboración en investigación sobre armas biológicas con Alemania y Holanda. Probablemente ésa es la razón del silencio oficial alemán acerca del accidente mortal en Amsterdam.

La cooperación con Estados Unidos es bastante abierta. En el congreso “Programas Conjuntos de Investigación Médica, Biológica y de Defensa Nuclear” aparece abiertamente la cooperación con Israel sobre agentes nerviosos y convulsivos bajo el disfraz de la búsqueda de antídotos. Es muy sencillo darse cuenta de que para desarrollar en antídoto es necesario identificar el propio veneno. El dr. Avigdor Shafferman, director de IIBR, es un colaborador habitual con este programa. (véase www.acq.osd.mil/cp/nbc98/annexd.pdf)- Anexo D.

La Comisión Preparatoria para la Organización de la Prohibición de Armas Químicas (OPCW, por sus siglas en inglés) en La Haya hace la vista gorda de las actividades criminales de Israel. Irónicamente, investigadores israelíes guían a la OPCW sobre los métodos para detectar armas químicas. Los investigadores israelíes R. Barak, A. Lorber y Z. Boger del IIBR, Soluciones CHEMO e Industrias Rotem respectivamente proponen métodos para detectar agentes de guerra química. No parece que haya ningún organismo internacional que quiera aplicar estos métodos a Israel.

El mecanismo para hacer este seguimiento está disponible. El Centro de Inteligencia Médica del Ejército estadounidense tiene medios para inspeccionar laboratorios sospechosos. Pero es poco muy probable que veamos a un equipo de inspectores dirigidos por un Blix estadounidense investigando las cámaras secretas del IIBR.

Sin embargo, esto no se puede aplicar a científicos concienciados. El profesor Keith Yamamoto, de la Universidad de California, y el dr. Jonathan King del MIT criticaron la investigación estadounidense sobre armas biológicas y demostraron que tratar de modificar toxinas (como hace el IIBR) difícilmente puede ser considerado investigación “defensiva”. Pero en este momento parece bastante lejano que Israel vaya a cambiar ante estas críticas.

Las víctimas palestinas:

Los crímenes biológicos perpetrados contra los palestinos en Acre y Gaza en 1948 se continuan produciendo hoy.

En 1997 agentes del Mossad trataron de asesinar a Khaled Mish, director de la Oficina Política de Hamas en Amman. El rey Hussein [de Jordania] estaba furioso por la flagrante violación de la soberanía jordana y del Tratado de Paz con Israel. Como el atentado fracasó gracias al guardaespaldas de Mish'al, Israel envió a una médica con el antídoto. Parece que la toxina utilizada era SEB aplicada por medio de un arma especial que tenía un alcance de 50 metros y podía inyectar la toxina en el cuello.

Abundan las historias de gas nervioso aplicado contra escuelas infantiles. Lo mismo ocurre con los casos en que se utilizan armas químicas y biológicas. Neil Sammonds hace la lista de estos casos:

- Defoliantes químicos contra las cosechas palestinas en Ain Al- Beida en 1968, en Aqraba en 1972, en Mejdel Beni Fadil en 1978 y en el Negev en 2002.

- Armas químicas, incluyendo ácido cianhídrico, gas nervioso y proyectiles de fósforo en la guerra 1982 contra Líbano.

- Gas letal contra prisioneros palestinos y libaneses.

Pero el caso que recibió una amplia cobertura por todo el mundo y que fue ampliamente documentado por varias ONGs es la aplicación de incapacitantes, especialmente en Khan Younis, en febrero de 2001. Las televisiones de todas partes plasmaron las imágenes de las víctimas retorciéndose con dolores agudos y convulsiones incontrolables .

James Brooks de “Paz Justa en Palestina/Israel” ofreció un relato detallado día día a medida que iba ocurriendo de este ataque con armas biológicas a civiles. Primero las víctimas creyeron que se trataba de gases lacrimógenos. Tenía un suave olor parecido al de la menta. Olía “como azúcar”, informó una víctima. Cambió de color, “como el arcoiris”. Cincuenta minutos después, la víctima sintió que “el estómago se le estaba desgarrando y tenía una sensación de quemazón en el pecho; no podía respirar”. Pronto empezaron las convulsiones. La víctima empezó a dar botes, arriba y abajo, a izquierda y derecha, como si tuviera un ataque de histeria. Algunas víctimas estaban inconscientes. Empezaban a vomitar sin parar y volvían los dolores. Esto podía durar durante días y, en algunos casos, durante semanas.

Además de los numerosos informes de la prensa y de organizaciones de derechos humanos, el director de cine estadounidense James Longley filmó a las víctimas del gas convulsionante de Khan Younis en un documental que “empuja de cabeza al espectador dentro del tumulto de la Gaza ocupada por Israel”. Longley reunió un documento de 43 páginas de entrevistas a 19 víctimas del gas, sus familias, enfermeras y médicos.

Estos infernales incapacitantes suscitaron la protesta de algunas ONGs, pero poco más. No hubo ningún tipo de investigación o censura internacional, nisiquera a pesar de que en el mes de marzo se volvió a utilizar en Al- Birch, Nablus y Cisjordania, y de nuevo en Gaza un poco más tarde en el mismo mes de marzo.

Al contrario. Hubo una ampliamente difundida protesta y condena orquestada por los sionistas cuando en noviembre de 1999 y en presencia de la aspirante a la presidencia Hillary Clinton, Suha Arafat, la mujer del presidente [de la AP] acusó a los israelíes de utilizar “gas venenoso”. Se llegó al colmo de la hipocresía y del cinismo cuando las indignadas autoridades israelíes declararon que las objetivas palabras de Suha eran ¡“una violación del proceso de paz”!

Algunos efectos de las toxinas y de los incapacitantes permanecen ocultos todavía. El 3 de febrero de 2003, eldr. Khamis Al-Najjar, director del Centro de Investigación del Cáncer del ministerio de Sanidad en Ramala informó de un alarmante incremento de los casos de cáncer, especialmente entre las mujeres y los niños. El informe cubre el periodo 1995-2000 y muestra 3.646 casos, de los cuales más de la mitad son mujeres. Hay más casos en Gaza que en Cisjordania. Citando el índice de casos, el informe prevé que los casos se tripliquen en un futuro próximo. Teniendo en cuenta la paranoia israelí con la demografía y los antecedentes [de este Estado], es posible que el efecto acumulativo de la aplicación por parte de Israel de toxinas e incapacitantes haya producido el incremento de los casos de cáncer. Está por hacer un estudio similar sobre los fetos y recién nacidos.

¿Adónde vamos a partir de aquí?

Israel ha firmado aunque no ratificado la Convención sobre Armas Químicas y no pertenece a la Convención sobre Armas Biológicas. Israel no reconoce la aplicación de la Cuarta Convención de Ginebra sobre los territorios palestinos ocupados de Cisjordania y Gaza, como hace el resto del mundo. Esto no es sorprendente. Israel viola todas y cada de las líneas escritas en esta Convención.

El artículo 147 de la Convención de Ginebra estipula que es “una grave infracción” (...) “causar intencionadamente [a los civiles] un gran sufrimiento, o daños corporales o a la salud”, lo que, según el artículo 146 requiere de todas las altas partes signatarias “investigar a las personas que supuestamente han cometido o han ordenado que se cometan estas graves infracciones” y que “lleven a esta personas, independientemente de su nacionalidad, ante sus propios tribunales”. Si esto se aplicara, Sharon y sus altos cargos deberían estar entre rejas por orden de un tribunal belga durante mucho tiempo.

Existe una plétora de convenciones que Israel ha violado constantemente, desde el Protocolo de Ginebra sobre Gases Venenosos de 1925 hasta la Convención de 1993 sobre la Prohibición de Desarrollar, Almacenar y Utilizar Armas Químicas.

Con estos antecedentes, parece una burla de la justicia enviar a cientos de inspectores a destruir los talleres y las casas privadas en Iraq, mientras que [estos inspectores] tienen en Israel bien a la vista enormes cantidades de toneladas de armas de destrucción masiva. Quizá los 10 millones de personas en 600 ciudades de todo el mundo que se manifestaron contra la guerra de Iraq el 15 y 16 de marzo [de 2003] trataban de señalar esta ironía al rechazar esta guerra. Algunas pancartas lo decían muy claramente.

Quizás se deba escuchar con más atención las voces internas de Israel. El alcalde de Nes Ziona, situado a unos escasos 10 kilómetros del centro de Tel Aviv, se quejaba de que la proximidad a su ciudad al IIBR plantea un grave peligro para su población. Tiene razón. El Comité Científico del Knesset [2] informó de 22 víctimas, incluyendo tres mortales, en los últimos 15 años. Pero estos eran casos leves.

¿Cuál sería la situación si en un día de viento ocurriera un gran accidente que causara la explosión de toneladas de tóxicos y su evaporación en el cielo, en medio de una zona densamente poblada en la que tres millones de personas viven en una zona de unos escasos 1.000 metros cuadrados, es decir, 35 por 35 km? Ben Gurion no consideró este escenario en el más disparatado de sus sueños mientras tramaba sus infernales planes para “exterminar” a los árabes.

* El autor es presidente de la Sociedad de la Tierra Palestina, de Londres.

Enfermedades

1950-1960

Peste Yersinia (plaga) especie Rickettsia (tifus) rabia

1960-1970

Virus del Nilo este especie Leptospira (esto es, enfermedad de Weil) Cryptococcus neoformans (una levadura) virus Sindbis enfermedad Newcastle (pájaros)

1970-1980

Fiebre porcina africana Coxiella burnetti (fiebre Q) encephalomyelitis equina occidental Semliki virus de la selva Brucella abortus (brucellosis) Pasteurella multocida (cólera apícola)

1980-1990

Virus Lassa EMC (encephalomyocarditis) Legionella fiebre del valle del Rift enfermedad de Marek (avícola) Coccidioides immitis (hongo)

Tóxinas

1960-1970

Elatericin

1970-1980

Derivados del Saxitoxin Tetrodotoxin Pilocarpine veneno Wasp derivados del Elatericin Brevetoxin SEB (Staphylococcus enterotoxin B) veneno de escorpión 1. veneno de cobra SEA (Staph.enterotoxin A) toxina del cólera Bungarotoxin Pseudomonas aeruginosa exotoxin A Shiga toxina 1. toxina Conotoxin Difteria

Incapacitantes

1. Sustancias psicotrópicas Bradykinin cannabis (hachís) Fenciclidina (alucinógeno) 1. Chlorpromazin (anti-psicótico) derivados del cannabis (tetrahydrocannabinol) Fentanyl (narcótico) derivados del QNB (alucinógeno) Enkephalin endorfina morfina 1. derivados del Etonitazen Fenciclidina derivados del Benzodiazepin (convulsivos) derivados de la heroína cannabis (amino-cannabinoida).

[1] N. de la t.: La Haganah era una organización paramilitar judía que operó durante el Mandato británico en Palestina (1920-1948) y que más tarde se convertiría en el corazón del ejército israelí (IDF, Fuerzas de “Defensa” Israelíes, en sus siglas en inglés).

[2] N. de la t.: El Knesset es el parlamento de Israel.